Un veinticinco de junio
Un día como hoy te aparecías. Tú, tu poca modestia y toda tu elegancia.
Trato frío, típico machista. Te costaba demostrarme afecto. Sin embargo, sin que lo notaras yo te lo arrebataba.
Eras mi debilidad… no debiste haberte ido justo cuando comenzábamos a conocernos.
Cuántos Particulares he encendido tan sólo para sentir ese olor a tabaco tan peculiar, sinceramente, por más que haga ya casi un año de la última vez, en estos momentos volvería a prender otro pucho, sólo por sentirte efímeramente.
Cuántas veces trato de hablar como un empresario sólo por parecerme ínfimamente a ti.
Cuántas veces salgo a caminar con la sensación de que en alguna esquina doblarás con el auto te toparás con mi mirada y me invitarás a tomar un café con la única excusa de compartir cinco exquisitos minutos de vida.
Con llorar no consigo traerte, nunca me funciona, ni haciéndolo a menudo ni siquiera aguantando un año... tu ausencia atropella todo: fe, alegrías, tiempo, distancia, recuerdos y anhelos.
¿Qué hago en estos momentos?
Cuánto extraño tu elegancia, tu poca modestia y sobre todo a ti papi… a tu ser.
No hay comentarios:
Publicar un comentario